Por Salvador García Juárez
- Crónica de una conversación entre arte, vino y memorias

El pasado miércoles, la Ciudad de México parecía suspender su ritmo para dar paso a una tarde que se convirtió en confidencia, en arte compartido, en sabor y palabra. En un quinto piso de la colonia del Valle que tiene vista de frente hacia un majestuoso parque, me recibió Marcia E. Romo, pintora y escritora mexicana, con la elegancia de quien ha hecho de su vida una obra en sí misma.
Criada desde pequeña en Tijuana, Baja California, Marcia lleva en su mirada el horizonte del norte y en sus gestos la calidez de quien ha aprendido a vivir entre contrastes. Nacida en Ures, Sonora, en una familia de seis integrantes -cinco hermanas y un hermano-, su historia está marcada por la lealtad, valor que admira profundamente, y por una firme repulsión hacia la mentira.
La conversación fluyó entre anécdotas y reflexiones, acompañada por una copa de vino y una comida que, más que alimento, fue una declaración de amor por la buena cocina. Marcia, amante del arte culinario, deleitó mi paladar con una crema de brócoli aterciopelada, seguida de fetuccini al dente y un muslo de pollo a la plancha bañado en una delicada salsa de ajo. Cada bocado parecía tener la misma intención que sus poemas: conmover, abrazar, dejar huella.
Su departamento es un universo íntimo donde el arte respira en cada rincón. Las paredes están vestidas con sus pinturas, incluso la cocina, donde Giorgio observa silencioso desde su lugar privilegiado. En otros espacios, obras aún no reveladas esperan el momento justo para ser admiradas. Pero lo que sorprende -y fascina- es el área dedicada a herramientas de carpintería y mecánica, siempre listas para ser usadas por sus manos expertas. Porque Marcia no solo pinta y escribe: también construye, repara, transforma. Una mujer hermosa y de clase, sí, pero también una creadora de lo tangible.
Al preguntarle cómo se define, responde con la serenidad de quien ha vivido intensamente: “Soy una mujer con un alma sensible y llena de sueños, que a lo largo de su vida ha estado acompañada por añoranzas, bienaventuranzas y soledades”. Esa frase, como muchas otras que compartió, parece extraída de su libro “Poemas de la mujer que ama”, publicado en 2004 por Minal Impresos, donde 85 poemas dan testimonio de su universo interior.

La tarde con Marcia E. Romo fue más que un encuentro: fue una revelación. Una muestra de que el arte no solo se contempla, también se cocina, se conversa, se vive. Y que hay mujeres cuya sensibilidad y fuerza transforman cada instante en una obra digna de ser contada.
