● Más de 30 millones de adultos en México viven con hipertensión y cuatro de cada 10 desconocen que la padecen, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública

El riesgo cardiovascular puede avanzar sin síntomas y manifestarse por primera vez como un infarto, una arritmia o una complicación grave.
En México, donde las enfermedades del corazón se mantienen entre las principales causas de muerte, especialistas de Grupo DSAI Dalinde – San Ángel Inn llaman a fortalecer una cultura de prevención basada en la detección oportuna de factores de riesgo.
El problema no se limita a las personas mayores. En la práctica clínica se observa la llegada de pacientes de 30 y 40 años con hipertensión, arritmias o infartos, en un contexto marcado por sedentarismo, exceso de peso, sueño insuficiente, estrés y una alimentación con alta presencia de productos ultraprocesados.
La acumulación de estos factores puede favorecer la aparición temprana de alteraciones cardiovasculares. Esta realidad también convive con hábitos y creencias que pueden retrasar la prevención.
Tomar aspirina por cuenta propia no es una estrategia para evitar un primer infarto y puede generar efectos adversos; asimismo, síntomas como dolor de cabeza o sangrado nasal no deben utilizarse como indicadores para determinar si una persona tiene la presión elevada.
La medición adecuada de la presión arterial requiere un instrumento validado y una técnica correcta, por encima de las estimaciones que ofrecen algunos dispositivos de uso cotidiano. La prevención tampoco debe condicionarse a la apariencia física: ser delgado o realizar actividad física no elimina la posibilidad de presentar factores de riesgo o alteraciones cardiovasculares.
La recomendación clínica es identificar antecedentes, conocer los niveles de presión arterial y establecer revisiones periódicas de acuerdo con las características de cada persona. El Instituto Nacional de Salud Pública estima que un mejor control de la presión arterial en la población adulta podría evitar alrededor de un millón de eventos cardiovasculares en un periodo de diez años.
En este contexto, anticiparse al riesgo a través de medidas de prevención es la mejor ruta para detectar oportunamente condiciones que pueden permanecer silenciosas hasta que es demasiado tarde.

