¿Qué Hay al Sur de Nayarit Cuando se Deja Atrás el Mar?

  • Ixtlán del Río y Ahuacatlán revelan una faceta de Nayarit donde las huellas prehispánicas, la arquitectura, los sabores tradicionales y los paisajes de sierra forman parte de un mismo recorrido
  • Entre vestigios arqueológicos, chocolate artesanal, nieve de garrafa, pueblos con historia y aguas cristalinas, el Valle Sur invita a descubrir que la riqueza de Nayarit también se encuentra lejos de la costa.

Nayarit suele asociarse con el Pacífico, pero basta con tomar la carretera hacia el sur para descubrir que el estado cambia de paisaje, sabores y también de historias. Las montañas comienzan a ganar presencia, aparecen pueblos entre la vegetación y las calles conservan edificios, templos y tradiciones que hablan de otra época. Es ahí donde se encuentra el Valle Sur, una región en la que Ixtlán del Río y Ahuacatlán permiten conocer una cara diferente del estado, marcada por la historia, la gastronomía y la naturaleza.

En Ixtlán del Río, el pasado aparece incluso antes de recorrer sus calles, ya que pocos kilómetros de la cabecera municipal se encuentra Los Toriles, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Nayarit y un espacio que permite acercarse a las culturas que habitaron el Valle de Ixtlán. Entre sus vestigios permanecen estructuras circulares, escalinatas, casas-habitación, altares, banquetas, drenajes e instrumentos de trabajo que ayudan a imaginar cómo transcurría la vida en este territorio entre los años 700 y 1200 d.C.

El sitio también permite conocer la tradición de las tumbas de tiro, una de las expresiones arqueológicas más representativas de esta región. Los Toriles permanece abierto de miércoles a domingo, de 10:00 a 14:00 horas y más que una visita a vestigios antiguos, acercarse a este espacio significa reconocer que mucho antes de que existieran los actuales pueblos y caminos, el Valle de Ixtlán ya era escenario de una importante vida cultural.

Después de mirar hacia ese pasado, Ixtlán ofrece otra manera de conocer su identidad a través del sabor con el chocolate artesanal, una tradición que se ha transmitido por generaciones y que puede descubrirse en Ma Nen, donde es posible conocer el proceso de elaboración, preparar una tablilla con las propias manos y probar un chocolate espumoso acompañado de pan.

La historia de esta tradición se remonta alrededor de 1910, cuando María Guadalupe Monteón Ron, bisabuela de la fundadora, comenzó a elaborar chocolate en El Rosario, Nayarit. Así, cada preparación no solo conserva una técnica, sino también una historia familiar que continúa encontrando nuevas formas de llegar a quienes visitan la región.

Y si existe una manera de hacer todavía más dulce el recorrido por Ixtlán del Río, es con una nieve de garrafa, un clásico de la gastronomía local se prepara de manera artesanal en un recipiente metálico colocado dentro de una barrica de madera con hielo y sal. La mezcla se bate durante aproximadamente 30 minutos con movimientos circulares hasta alcanzar la consistencia característica. La tradición convive hoy con una extensa variedad de sabores, desde fresa, mango, limón, coco y vainilla hasta chocolate, capuchino, frutos rojos, ciruela con nuez, elote, yogur con frutas y galleta Oreo, entre muchas otras opciones. Probarla es descubrir cómo una preparación sencilla puede convertirse en parte de la memoria de un pueblo y de sus ingredientes.

La historia de Ixtlán también puede observarse desde las alturas en el cerro Cristo Rey, el paisaje del valle se abre frente a quien decide llegar hasta la cima. El ascenso puede realizarse por un camino empedrado para vehículos o a pie, siguiendo los 544 escalones que serpentean por el cerro. A lo largo del trayecto, las cruces de madera acompañan los distintos descansos y convierten el esfuerzo en un momento para contemplar y tomar aire. Arriba, la recompensa es una panorámica de Ixtlán del Río y sus alrededores, especialmente atractiva cuando la luz del atardecer transforma el paisaje.

Para prolongar esa conexión con la historia, el Hotel Boutique El Marqués de Minas ofrece un espacio de descanso que también forma parte del patrimonio de Ixtlán del Río. Se trata de una casona histórica, vinculada al pasado minero de la región. Este lugar funcionó en siglos anteriores como oficina administrativa minera y hoy conserva elementos arquitectónicos que cuentan parte de esa historia con pasillos con arcos de cantera, columnas y una fuente central reúnen detalles del pasado virreinal con una propuesta contemporánea de hospedaje.

El viaje por el sur nayarita puede continuar hacia Ahuacatlán, uno de los Pueblos Mágicos que integran el corredor turístico. Ubicado a los pies del volcán El Ceboruco, el municipio combina paisajes boscosos, senderos, costumbres y deliciosa cocina que también merece ser descubierta.

Aquí, incluso el comienzo del día puede tener un sabor particular con el famoso pan de aguacate, una de las preparaciones que permiten acercarse a la cocina local desde sus ingredientes y técnicas. Conocer su elaboración convierte el desayuno en una experiencia para descubrir cómo los ingredientes de la región forman parte de su identidad.

Después, basta caminar por el Centro Histórico para encontrar otra dimensión de Ahuacatlán. Frente al templo de San Francisco de Asís se encuentra el Jardín de los Hijos Ausentes, rodeado por puestos donde pueden encontrarse algunos de los sabores que forman parte de la vida cotidiana del municipio, como las tostadas de pata, las tortas de “Chago” y “Las Tortillitas”, una de las botanas favoritas de los ahuacatlenses.

El recorrido por sus calles también permite acercarse a templos históricos como San Francisco de Asís y la Inmaculada Concepción, mientras la arquitectura y las leyendas locales ayudan a entender la personalidad de un pueblo.

Pero el Valle Sur todavía guarda una sorpresa en la naturaleza que te dejará sin aliento, al sur de Santa Isabel, cerca de Chapalilla, se encuentra Las Tinajas, un espacio donde el agua brota entre las rocas y forma una serie de albercas naturales de tonalidades verde jade. Para llegar es necesario avanzar entre árboles de higuera y otras especies de selva media hasta encontrar este rincón que recuerda la capacidad de la naturaleza para crear sus propios espacios de descanso.

El acceso incluye una escalinata con cierta pendiente, por lo que resulta conveniente llevar ropa y calzado cómodos. Entre semana suele ser una buena opción para disfrutar con mayor tranquilidad del entorno y apreciar el paisaje sin prisas.

Así, el Valle Sur de Nayarit se revela poco a poco, desde Ixtlán del Río, las huellas de quienes habitaron el territorio hace siglos conviven con recetas que todavía pasan de una generación a otra hasta Ahuacatlán, con templos y los sabores que cuentan historias que se quedaran en tu mente.

Descubrir Nayarit también significa saber cuándo dejar atrás el horizonte del mar para seguir una carretera hacia el interior. Allí, entre arquitectura, sabores, vestigios y naturaleza, el Valle Sur demuestra que algunas de las historias más interesantes de un destino aparecen precisamente cuando se decide ir un poco más allá de lo conocido.

Para más información visita: http://www.visitnayarit.travel

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