Señora no lleve a sus perros en medio de la jungla

Narraciones de Elisa Moheyer

La siguiente narración se titula: “Señora si va a pasear a sus perros en medio de la jungla de noche, cuidelos y tenga tantita madre”. Y en ella les cuento de mi trauma más reciente.

El sábado anterior salimos del trabajo y habíamos reservado un cuarto en un hotel en Tulúm, resulta que Tulúm es más allá que sólo las ruinas. Obviamente toda esa es información nueva que hace una semana no conocíamos.

Cómo les conté un alumna chulísima me regaló tartitas bebés y macarrones. Los macarrones franceses son en mi opinión la mejor cura para la ansiedad, sus colores pastel y la gama infinita de sabores que van de lo sutil a lo exótico pueden calmar a la mente más inquieta. Siempre deben ser compartidos en pequeños bocados y si pueden ser maridar con un cafecito o un té.

Pues me comí un macarrón morado y maleta en mano nos dimos a la fuga. Tomamos una combi rumbo a Tulúm, para cuando llego a estaba pardeando el cielo. Nos dimos cuenta que en el mapa nuestro hotel estaba para el lado opuesto de donde íbamos. Bajamos y tomamos un taxi, el mapa decía que tardaríamos 28 minutos al hotel, fueron como 40. Es un caminito alegre con luz de luna o de sol… Jajaja es un camino tropezado rumbo a la zona hotelera, en el trayecto terminó de anochecer.

Llegamos al último hotel de la calle, del sendero, del camino, es difícil explicarlo porque es una combinación muy absurda entre modernidad cosmopolita y la jungla, la jungla misma.

Nos recibió un sujetillo con acento yucateco, nos explicó que eramos los únicos huéspedes del hotel. Nos acomodó en un cuarto precioso, con mosquitero sobre la cama, preguntamos dónde podíamos cenar y salimos de camino al afuera.

Uno piensa que sabe lo que la oscuridad es, pero es falso sí nunca han visto la oscuridad de la selva, los árboles se comen toda la luz, se escuchan todos los ruidos de los bichos y animales nocturnos, todo es interesante y todo da mucho miedo.

Caminamos poco en esa oscuridad absoluta y obvio no resistimos llevar la luz del celular encendida pero aún así es poco lo que alumbra. Es un camino larguísimo hasta la zona más bonita y llena de cosas cool, así que decidimos comer en el primer lugar que encontráramos.

Fue un restaurante vegano, parece que el universo nos quiere decir algo. Comimos Ron un huarache de soya y yo un bowl de lentejas con arroz y plátano frito. Sí estaba delicioso, sí es súper llenador, pero si deciden volverse veganos, les recomiendo internarlo en casa a un bajo costo y no cuando es la única opción en medio de la nada jajajaja 🤣

Saliendo de ahí caminamos de regreso a la oscuridad abrumadora y uma jauría de perros furiosos corrió a atacarnos. Entré en pánico y bajé mis manos en una postura que según yo era protectora (obvio era patéticamente un intento de no morir 😅🤦) graciosamente no nos mordieron y absurdamente una doña bajo la ventana de su camioneta y empezó a regañar a los perros. No, la señora loca nunca se bajó, sólo gritaba y hablaba por teléfono.

Podría jurar que el susto no fue tanto, pero el resto de la semana brinqué horriblemente cuando escuchaba un perro ladrar.

Regresamos al cuarto y nos percatamos que no tenía cortina, no eran ni 9:30 pero la noche es aterradora en un nivel primitivo que no sabría explicar así que cual niños chiquitos pusimos una cobijota como cortina. Porque aunque estábamos concientes de que no había más huéspedes en la habitación. El no ver nada claramente hace que la mente rellene los huecos con una sarta de cosas absurdas que estoy segura no me iban a dejar dormir.

A las 4am comenzó a llover, el techo era completamente de palma, no entro una sola gota al cuarto. Nos sirvieron el desayuno en un balconcito junto a la habitación.

Salimos hacía el cenote que está en el hotel, encontramos una tabla y nos prestaron un remo. Obviamente por mis venas corre sangre de vikingo en chinampa, y me puse a remar, se me fue toda la mañana en eso. Al principio moría de miedo, además tengo la condición de Winnie the Pooh, fue sumamente divertido, hice todo el ejercicio del mes ese día. 🌊🛶

Hay unas aves negras llamadas Cormoranes, sobrevuelan y se clavan en el agua, luego desaparecen bajo el agua y reaparecen adelante. Son muy jocosos de ver. 🦆

Finalmente nos fuimos, caminamos a la luz del día por la zona hotelera hasta una de las fachadas más emblemáticas de Tulúm y ahí tomamos una combi de regreso al centro.

Comimos pasta en un restaurante de un señor de Puglia, pedimos lasagna y gnocchis. De postre pannacotta. Todo riquísimo y el señor super atento hablando un español muy italiano.

Cuando éramos felices y pensábamos regresar a Playa, Ron se percató que había dejado mi IFE en el hotel. 🤦🤦🤦Y tuvimos que regresar todo el camino hasta el hotel, sí fuimos en combi pero aún así el trayecto es largo. Llegando allá no me la queríamos regresar porque la habían puesto en una caja de seguridad y el pobre gente que estaba a cargo a esa hora no tenía el voto de confianza de la administradora para abrir la caja fuerte. Al final del día sí me la dieron. El señor localizo a todo el mundo hasta que me la pudo dar 🤗💕💕se portaron super lindos.

Por fin pudimos regresar a Playa y seguir con la vida. En la semana me pasaron otras cosas tontas pero está narración ya es muy larga, así que las reservaré para la que sigue. Fin.

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